El CIS ha preguntado a los españoles por las “terapias alternativas”, su uso y conocimiento. Gracias al CIS he oído hablar de “terapias” que desconocía hasta la fecha y me ha llevado a pensar…

¿Existe un mercado paralelo capaz de albergar todas estas opciones? ¿Hay pacientes suficientes? ¿Qué lleva a la gente a recurrir a estas alternativas? ¿La gente cree en ellas?

Os dejo mi reflexión:

Más de la mitad de los españoles asegura conocer o haber oído hablar de las terapias alternativas, pero nueve de cada diez nunca las ha utilizado y, quienes lo han hecho, sólo acude a ellas “de manera puntual”. Uno de cada cinco consultados cree que la gente recurre a estas alternativas porque “confían en ellas sin un motivo concreto” (21,3%), si bien un 18,8% cree que es porque “curan enfermedades y dolencias para las que la medicina convencional no funcional”. Es decir, casi un 20% de los pacientes que recurren a estas soluciones lo hacen por buscar remedios que la medicina convencional no sabe aportar.

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¿El problema está en la medicina “convencional” o está en los médicos?. Ya sea para el tratamiento de patologías, control de síntomas, estilos de vidas… hay un 10% de la población que no encuentra en la medicina basada en la evidencia científica remedio para sus problemas.

Respecto al conocimiento de los diferentes “tratamientos”: El más conocido es el yoga (90,3%), seguido de la acupuntura (89,1%), y el masaje terapéutico. Quedan más abajo en este ranking otros como la  homeopatía, la “medicina china”, los imanes “terapéuticos” o la “sanación espiritual”.

Quienes no las utilizan explican que es porque “no tienen interés” (27%), porque “la medicina convencional es suficiente” (14,9%), porque las desconoce (13,3%) o “porque hay mucho timo y mucho engaño” (11,5%). El resto es “porque son caras” (11,7%), “porque no sirven para nada (7,8%) o por temor a efectos secundarios (1,8%).

Pese a todo, el grado de satisfacción por el tratamiento recibido ha sido alto, siendo la mejor valorada la ayurveda y la peor la homeopatía, casualmente una de las más conocidas y extendidas en la opinión pública.

¿Estamos haciendo bien nuestra labor de educación en salud? ¿Estamos sabiendo cumplir con las expectativas de nuestros pacientes? ¿Somos capaces de tratarles como necesitan? Creo que tenemos mucho que mejorar en este sentido si queremos acabar de desterrar las pseudociencias del panorama sanitario.